
Hans-Christian Kirsch se sirve de los turbulentos quiebros que toman sus destinos para adentrar al lector en los lugares comunes del Japón clásico. El mundo espiritual, evocado por los paisajes más vírgenes, el budismo, el peso de las leyendas clásicas o el esplendor del mundo de las artes, convive con un mundo real en el que las luchas internas entre los shogunes, las rivalidades políticas con China o los intercambios comerciales con Occidente son los protagonistas. El universo de los distritos de placer y las cortesanas de Yoshiwara refleja esa riqueza de contrastes dotando a la historia, además de una intensa carga erótica y del tono trágico que caracteriza a las novelas sentimentales orientales de corte más clásico.
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